Una de las recomendaciones en salud que ha tenido una mayor popularidad en el último tiempo es el ayuno intermitente. A grandes rasgos, lo que se busca es restringir la cantidad de horas de digestión (lo que no implica que se terminen consumiendo menos calorías), con el fin de regular nuestro metabolismo y hacer uso de fuentes de energía más estables, como las grasas acumuladas en nuestro organismo.

También con esto se busca reducir los niveles de estrés en el cuerpo, que gasta mucha energía durante el proceso de digestión. Fisiológicamente hablando, estamos más preparados para concentrar la digestión en 8 horas o menos durante el día, que comiendo cada 2 ó 3 horas como se suele aconsejar.

El ayuno más conocido y simple de llevar a cabo para muchas personas es el 16/8. Este significa que dividimos el día en tres partes, donde una de ellas será para la digestión y las otras dos para el ayuno. Por ejemplo, dependiendo de las necesidades o requerimientos de cada persona, alguien podría parar de ingerir alimentos a las 17:00 horas y, tras 16 horas de ayuno, podría volver a comer a las 9:00 horas del día siguiente. O bien, recién ingerir alimento a las 13:00 horas, después de que la última comida fuese a las 21:00 horas del día anterior.

Este ayuno implica no consumir ningún alimento calórico, por lo que sí podremos ayudarnos con infusiones de hierbas medicinales. Este tipo de ayuno ha demostrado múltiples beneficios para la salud, como la regulación de la glicemia (azúcar en la sangre), de la presión arterial, además de reducir los niveles de cortisol (hormora del estrés).

Es importante señalar que es recomendable llevar a cabo esta práctica con asesoría de un profesional de la salud, ya que para lograr los efectos deseados requiere de cierta preparación y constancia, sobre todo al principio.